La absurda historia del viaje al Mundial de 1930
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La absurda historia del viaje al Mundial de 1930

Cuando la FIFA anunció que el torneo se jugaría en Uruguay en 1930, creó un problema que nadie había tenido que resolver antes. ¿Cómo hacés para organizar una competencia mundial cuando medio mundo está del otro lado del océano? Hoy la respuesta es simple: Comprás un pasaje de avión. En 1930 la respuesta era bastante más complicada: Te subías a un barco. Y esperabas... Durante semanas.

Uruguay había sido elegido como sede porque era una potencia futbolística. Había ganado los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, ofrecía financiar los gastos de los participantes y además celebraba el centenario de su Constitución.

La FIFA estaba convencida de que era la elección correcta. Las federaciones europeas no tanto. La distancia era gigantesca, Europa acababa de entrar en la Gran Depresión, los costos eran elevados y la idea de pasar varias semanas en un barco para jugar un torneo experimental no resultaba particularmente atractiva.

Europa casi no va

Muchas federaciones simplemente dijeron que no. Durante meses existió el riesgo real de que el primer Mundial se jugara casi exclusivamente entre países americanos. Fue entonces cuando apareció Jules Rimet. Hoy su nombre es conocido principalmente porque el trofeo original del Mundial terminó llevando su apellido pero en aquel momento era el presidente de la FIFA y probablemente la persona más desesperada del planeta por conseguir participantes.

Rimet pasó meses convenciendo federaciones, llamando dirigentes, negociando, insistiendo, prometiendo, intentando evitar que el gran proyecto de la FIFA naciera convertido en un fracaso. Al final consiguió algo. No mucho, pero suficiente:

Cuatro selecciones europeas. Eso era todo. Con los participantes confirmados apareció un nuevo problema: Ahora había que llevarlos a Uruguay.

La solución fue el SS Conte Verde. Un transatlántico italiano que terminaría convirtiéndose, sin saberlo, en uno de los vehículos más importantes de la historia del deporte.

El Conte Verde: el "micro escolar" del Mundial

El viaje comenzó en junio de 1930. A medida que avanzaba por Europa, el barco iba recogiendo pasajeros:

Primero subieron los rumanos, después los franceses, más tarde los belgas. También embarcaron árbitros, dirigentes y periodistas. Y entre todos ellos viajaba un pasajero especialmente importante: La Copa del Mundo. No una réplica, no una caja blindada, no un transporte especializado. La copa original. La que décadas más tarde sería conocida como la Copa Jules Rimet, viajando junto a todos los demás, cruzando el Atlántico como si fuera una valija más.

Imaginate por un segundo a alguien perdiendo ese equipaje. Durante la travesía los futbolistas intentaron mantener cierta preparación física. Pero entrenar para un Mundial en medio del océano tiene algunas limitaciones evidentes: No había complejos deportivos, no había centros de alto rendimiento, no había nutricionistas , no había tecnología. Había agua. Mucha agua. Y un barco.

La situación era tan distinta a la actual que muchos de aquellos jugadores ni siquiera eran profesionales a tiempo completo. Tenían empleos normales, trabajaban, estudiaban, debían pedir permisos laborales para disputar una Copa del Mundo. De hecho, una de las historias más extraordinarias ocurrió en Rumania: El rey Carol II decidió involucrarse personalmente en el proyecto.

Ayudó a organizar la delegación. Intervino para liberar jugadores que tenían problemas laborales y presionó a empresas para que conservaran sus puestos de trabajo mientras participaban del torneo. Es difícil encontrar otro Mundial donde un jefe de Estado haya tenido un papel tan directo en la formación de una selección. Pero si la historia de Rumania parece increíble, la de Egipto es todavía mejor.

Porque Egipto sí iba a participar. La selección había aceptado la invitación, todo estaba preparado y listo... Y entonces apareció una tormenta.

El mal tiempo retrasó el traslado hacia el puerto desde donde debían embarcar. Cuando finalmente llegaron, el barco ya había partido. No hubo margen para improvisar. No existían vuelos comerciales que permitieran solucionar el problema. No había otra conexión disponible. Simplemente se quedaron afuera.

Es, probablemente, la única vez en la historia de los Mundiales en que una selección quedó eliminada antes de jugar porque literalmente perdió el barco. Mientras tanto, el Conte Verde seguía avanzando hacia Sudamérica. Y cuanto más tiempo pasaba, más se parecía a una expedición internacional que a una competición deportiva: Jugadores, dirigentes, periodistas, árbitros, el Presidente de la FIFA, la Copa del Mundo. Todos compartiendo el mismo viaje. Todos cruzando el mismo océano. Todos dirigiéndose hacia algo que nadie sabía realmente si iba a funcionar.

Las selecciones tenían dos semanas largas de navegación. No podían quedarse sin entrenar, así que hacían ejercicios físicos y trabajos con pelota en la cubierta. El problema es bastante obvio: si la pelota se iba al agua, desaparecía para siempre. Por eso los entrenamientos eran limitados y bastante improvisados. No existían gimnasios modernos en los barcos ni instalaciones deportivas pensadas para futbolistas.

Finalmente, el 4 de julio de 1930, el barco llegó a Montevideo. Nueve días después comenzaría el torneo... No con menos problemas que la travesía de llegar a Uruguay en sí:

El estadio principal no estaba terminado

El famoso Estadio Centenario se construyó para el Mundial. Pero llovió tanto que cuando empezó el torneo todavía no estaba listo. Por eso algunos partidos iniciales se jugaron en otros estadios de Montevideo. Imaginate organizar una Copa del Mundo y que el estadio principal esté "casi terminado" con el torneo ya comenzado.

La final fue tan tensa que hubo pelea por la pelota

La final fue, como ya es sabido, Argentina vs Uruguay y discutieron por algo increíble: qué pelota usar.

Los argentinos querían jugar con una pelota argentina. Los uruguayos querían una uruguaya. La solución fue digna de dos nenes peleando en una plaza:

Argentina se fue al descanso ganando 2-1. Con la pelota uruguaya, Uruguay remontó y ganó 4-2. Obviamente esto alimentó décadas de teorías, chistes y supersticiones.

Los árbitros temían por su vida

La rivalidad Argentina-Uruguay ya era feroz. El árbitro de la final, John Langenus, aceptó dirigir con una condición:

Tener un barco listo para abandonar el país después del partido.

No quería quedar atrapado si alguien se enojaba con el resultado. Francamente, una evaluación de riesgos bastante razonable.

Y así nació el Mundial

Trece equipos. Sin eliminatorias, con selecciones viajando semanas en barco, con un estadio sin terminar, con un rey armando una selección, con una final que se jugó con dos pelotas distintas. Y de ese experimento salió el torneo deportivo más importante del planeta.

Pero cada vez que vemos una Copa del Mundo moderna, con sus vuelos privados, sus hoteles de lujo y su organización multimillonaria, vale la pena recordar cómo empezó todo. Porque antes de los estadios repletos, antes de las transmisiones globales, antes de las ceremonias de apertura, antes incluso del primer partido... Hubo un grupo de futbolistas cruzando el Atlántico durante semanas en un barco italiano... Y nadie estaba completamente seguro de que aquello fuera a funcionar.

Sobre el autor
Mz
Mozz
Buenos Aires, Argentina

Escribiendo sobre cosas que pasan cuando te quedas dos minutos más. Observador profesional de las pequeñas tragedias cotidianas.

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