Timothy Dexter: el hombre que se hizo millonario tomando las peores decisiones posibles
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Timothy Dexter: el hombre que se hizo millonario tomando las peores decisiones posibles

Si la historia de Michael Malloy nos enseñó que algunas personas parecen desafiar a la muerte, la de Timothy Dexter demuestra que otras parecen desafiar directamente a la mala suerte...

Hay personas que triunfan porque son inteligentes. Otras porque trabajan más que el resto. Y después está Timothy Dexter, un comerciante estadounidense del siglo XVIII que parecía tomar la peor decisión posible en cada negocio... y aun así terminaba ganando fortunas. Si hubiera vivido hoy, probablemente lo conoceríamos como el rey de la suerte o el empresario con el algoritmo más roto de la historia.

Muchas de esas operaciones surgían porque la élite comercial de la época quería ridiculizarlo. Dexter había hecho dinero (en parte gracias a inversiones afortunadas durante la independencia de EE. UU.), pero no pertenecía a la alta sociedad de Boston y Salem. Los comerciantes "de verdad" lo despreciaban como un advenedizo. Entonces le sugerían negocios que, en teoría, eran un suicidio comercial... Pero de alguna manera, la suerte de Timothy SIEMPRE le jugó a favor...

Grabado de Dexter de 1805
Grabado de Dexter de 1805

Debido a que básicamente era un analfabeto, su sentido comercial se apoyaba especialmente en la intuición y la buena suerte. Así es que cuando alguien le recomendó como una burla enviar un cargamento de calentadores de camas a las regiones tropicales de las Indias Occidentales, Dexter tuvo suerte, ya que su capitán logró venderlas como cucharones a los productores locales de melaza, causándole gran beneficio.

Otras de sus hazañas comerciales son:

Vender carbón a Newcastle

Newcastle era LITERALMENTE la ciudad inglesa famosa por producir carbón. Es como vender vino en Mendoza. Mandó un barco lleno.

Justo hubo una huelga minera. El carbón valía oro.

Ganó fortuna.

Vender Biblias en las Indias Occidentales

Otra mala idea. Terminó vendiéndolas porque las colonias necesitaban libros para las iglesias.

Ganó otra vez.

Vender Mitones de lana a una zona calurosa

Mandó guantes de lana a un país tropical. Los compraron comerciantes asiáticos que los revendieron en Siberia.

Otra vez, triunfó el negocio.

Él sólo queria pertenecer

La aristocracia de Nueva Inglaterra ni disimulaba el asco que le tenía a este "nuevo rico" bastante ignorante; directamente no le daban la hora. Para encajar, Dexter se compró una mansión enorme en Newburyport (que hoy en día es la biblioteca pública de la ciudad) que era de Nathaniel Tracy, un tipo muy conocido en el ambiente social. Como Tracy era pura chapa, Dexter intentó imitarlo a más no poder para ganárselo, pero no hubo caso.

Tampoco es que la pasara mejor en la casa: la relación con su mujer y sus hijos era un desastre. Las tensiones en la familia quedaron expuestas cuando a Dexter le dio por decirle a las visitas que su esposa había muerto —con la mina paseando vivita y coleando por el living—. Para rematarla, aclaraba que esa «bruja borracha y cascarrabias» que andaba dando vueltas por ahí no era más que su fantasma.

Se llenó de propiedades en Chester (New Hampshire) y se compró otra casa más en Newburyport, pero a esta la decoró como un delirante: le puso alminares, un mausoleo propio, una cúpula gigante con un águila dorada arriba de todo y un jardín repleto con más de 40 estatuas de madera de próceres y figuras famosas, como George Washington, Napoleón, Thomas Jefferson y, como no podía faltar, una de él mismo. La estatua del tipo incluso llevaba una placa que decía:

"Soy el primero en el Este, el primero en el Oeste y el filósofo más grande del Mundo Occidental."

El peor libro de la historia (y un éxito de ventas)

A los 50 años le pintó escribir un libro sobre su vida, al que tituló A Pickle for the Knowing Ones or Plain Truth in a Homespun Dress (Un bocado para los entendidos o la pura verdad con atuendo sencillo), que era básicamente un compendio de puteadas y quejas contra los políticos, la iglesia y su propia esposa. El texto tenía casi nueve mil palabras, pero ni un solo signo de puntuación y las mayúsculas aparecían metidas totalmente al azar, todo condimentado con horrores de ortografía insólitos.

Al principio, Dexter regalaba los ejemplares, pero la cosa se volvió tan viral para la época que terminaron sacando ocho ediciones. Como varios lectores se le quejaron de que era un dolor de cabeza leer todo de corrido sin comas ni puntos, en la segunda edición metió una página entera llena de puras líneas con signos de puntuación para que los lectores "los repartieran y condimentaran el texto a su gusto". Un tipazo.

Legado

Un día, al tipo le dio curiosidad saber qué diría la gente cuando él muriera, por lo que inventó que se había muerto y organizó su propio velatorio. Asistieron más de 3.000 personas al funeral, pero su mujer no derramó ni una lágrima; cuando Dexter la vio tan entera, fue y le dio unos bastonazos por no llorarlo como correspondía. Encima de eso, ni se molestó en dar la cara ante la gente que había ido a despedirlo y finalmente falleció de verdad en 1806.

Años después, su casona pasó a ser un hotel y más tarde una biblioteca. Las tormentas deshicieron la mayoría de las estatuas del jardín; las que sobrevivieron terminaron vendidas o prendidas fuego, salvo la de William Pitt, que fue la única que rescataron. Hoy por hoy, su librito de delirios sigue siendo su mayor legado.

Timothy Dexter nunca estudió economía, nunca siguió las reglas del comercio y probablemente habría sido un desastre si las cosas hubieran salido como cualquiera esperaba. Pero la historia decidió regalarle una coincidencia tras otra hasta convertirlo en millonario. Su vida es un recordatorio bastante extraño de que el éxito no siempre premia al más brillante... aunque tampoco conviene tomarla como un manual de negocios.

Sobre el autor
Mz
Mozz
Buenos Aires, Argentina

Escribiendo sobre cosas que pasan cuando te quedas dos minutos más. Observador profesional de las pequeñas tragedias cotidianas.

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